sábado, 29 de abril de 2017

¿QUÉ MÁS TIENE QUE PASAR? BIS

Al hilo de los recientes encarcelamientos de algunos de los mafiosos del PP, que no serán los últimos, se hace inevitable la reflexión, y concluyes preguntándote: ¿qué más tiene que pasar? ¿Qué más tiene que pasar para que la sociedad reaccione? De pronto, me vino a la memoria el título de un breve escrito con idéntico enunciado. Un artículo de junio de 2013, hace ya casi cuatro años. Aunque allí contaba hechos semejantes a los que estamos asistiendo ahora, en estos cuatro años la sociedad no ha movido un pelo. Y aquí viene la segunda conclusión: los de arriba han ganado la batalla. La anestesia está servida. Es como si se tratara de una enorme banda de robots programados para seguir instrucciones. He querido eludir el término “Zombi” por el respeto que aún me merece esta especie. Y porque aún cabe la posibilidad de “resetear”  las programaciones, aunque sea necesario destrozar el disco duro a martillazos.
Para ponernos a prueba, de vez en cuando, los medios de comunicación anuncian posibles catástrofes que de ocurrir podrían suponer el final de todo el planeta. Eso de “la tormenta solar” es esa serpiente que aparece de vez en cuando. Por otra parte, la amenaza de una posible guerra nuclear nos ronda ahora entre la fantasía y la realidad. Algunos “colegas” en esto del análisis y la expresión escrita hacían mención a este hecho. Uno de ellos ha llegado a decir, ante la posibilidad de una guerra: “siento más lástima que miedo”, en referencia a la falta de reacción popular. Y así es. La masa impasible, indiferente, como si no fuera con ellos. Las noticias del día a día nos van vacunando: ya somos inmunes al desastre. Un día la masacre en Siria, otro día, mientras estamos comiendo, nos muestran los jirones de los que se desgarran en las concertinas. De un tiempo acá nos advierten de que “las imágenes que vamos a mostrar son muy duras”. Justo lo que hay que decir para provocar, y despertar la curiosidad para que miremos.
Si ante el anuncio de tan tremendos acontecimiento, la reacción es nula, ¿cómo nos vamos a sorprender porque unos ladronzuelos tengan millones de euros en cuentas clandestinas, porque hayan esquilmado empresas y servicios públicos en beneficio de ese grupo mafioso, porque la actividad básica de los patronos de grandes compañías sea la de corromper y corromperse? Eso es poca cosa.
Para comprobar que las cosas, cualitativamente, están como hace casi cuatro años, no me resisto a reproducir el texto de ese artículo publicado en esa fecha de 18 de junio de 2013. 
http://ajgilpadilla.blogspot.com.es/2013/06/que-mas-tiene-que-pasar.html.

“Hoy me llega vía email una carta, una de tantas de las que circulan por la red, haciéndoles ver a los que aún votarían al partido en el Gobierno, más de ocho millones, su equivocación por seguir apoyando a un grupo mafioso como el que detenta ahora el poder político. Ríos de tinta, o miles de megabytes comentan, denuncian o critican los comportamientos políticos y las conductas personales de los dirigentes del PP, pero las cosas siguen igual, no pasa nada, las urnas lo soportan todo. Han ganado por mayoría absoluta y están legitimados por cuatro años hagan lo que hagan.
Estos políticos saben muy bien de qué va este negocio. Saben que su función es la de  proteger a los ricos, y cobran por esa tarea, sabiendo que entre todos caminan en  el tándem de la corrupción. Todo eso de los principios o de la ética se la suda. La degeneración está servida.
En mi vida he visto nada tan escandaloso, y tan escasa respuesta ante los hechos que se suceden, y que nos cuentan los medios de comunicación a diario. Aparecen como si se tratara de una película, como una serie que, con el mismo guión, cada día aportan algún dato nuevo, aunque los protagonistas suelen ser siempre los mismos. El cine, la ficción y el plasma han hecho mucho daño. La realidad queda eclipsada y se nos cuela en casa filtrada, manipulada y repetitiva hasta el punto de asumir la maldad, el abuso, la sinrazón y la falta de humanidad como algo normal.
Por el otro extremo, la desigualdad, la pobreza, el desamparo y la crueldad comparten pantalla. Ya estamos tan inmunizados que tras una noticia sobre un tipo que ha robado un montón de millones, nos muestren otra en la que nos dicen que una cuarta parte de los niños de este país están desnutridos. Ambas son asumidas de igual forma porque la anestesia permanece durante todo ese tiempo en el que perdemos dioptrías ante el aparato de TV.
¿Qué más tienen que pasar? Los máximos dirigentes del partido en el Gobierno entienden esto de la política como un negocio. Nos dicen los diarios que en unos cuantos años se han forrado, burlando esa legalidad a la que ellos aluden cuando hay que reprimir o someter al pueblo llano. Es tremendo, porque dicen que son los máximos representantes de los ciudadanos. Se burlan de todos. Bien pensado: ¡da miedo! La inseguridad, el desasosiego o la inestabilidad y la precariedad laboral pasan a un segundo plano. El pánico les coloca en esa segunda plaza.
Por si fuera poco el hecho de que el actual presidente de Gobierno carezca de cualquier principio ético, burle la ley, sea un mentiroso: “no he venido a la política para ganar dinero”-dijo-, desprecie a la ciudadanía y tenga la desvergüenza de seguir en su puesto, además de eso, el expresidente de los patronos (CEOE) está en la cárcel, el expresidente de una de las mayores Cajas de Ahorros (Bankia) también está en la cárcel, el que manejaba los dineros del PP está multimputado por ladrón. La Corona: ¿qué decir de la Corona? ¿Hay quien dé más? ¿Es esto lo que llaman marca España?
Aún en estas condiciones no parece cercano un “estallido social”. Más bien parece que vamos por el camino de la aceptación de los hechos, de la caridad como única forma de ayuda a los más necesitados, del refugio en la miseria”.



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