lunes, 28 de mayo de 2012

DE CÓMO EL SISTEMA CREA FENÓMENOS QUE ADQUIREN VIDA PROPIA



Algunos hablamos con frecuencia de aquellos que controlan el sistema, que nos controlan, y no nos faltan razones para hacerlo, pero hay algo más que se nos escapa, que se les escapa, incluso, a esos que nos controlan.

El otro día me convocó el director de la agencia bancaria donde tengo la cuenta corriente. Reconozco que no sé muy bien lo que quería, tal vez le hayan dado alguna consigna para que nos “líen”, y nos intenten vender algo a los sufridos clientes que no tenemos más remedio que mantener una cuenta en los bancos por aquello de que las nóminas y todos los pagos están domiciliados. El caso es que en esa conversación que mantuvimos, en la que inevitablemente hablamos de la actual situación económica, llegamos a la conclusión compartida de que el sistema crea fenómenos  que se le vuelven en su contra. Es como que adquieren vida propia, de manera que, como decimos, escapan al control, incluso, de los que ostentan el poder.
Hace unos años ya lo apuntaba en uno de mis libros con el título “En los límites de la irracionalidad" (http://www.bubok.es/libros/193055/EN-LOS-LIMITES-DE-LA-IRRACIONALIDAD-analisis-del-actual-sistema-socioeconomico). Decía lo siguiente: Hemos intentado dibujar de manera global lo que hoy acontece en este tipo de sociedades para más adelante analizar en detalle todos los aspectos que configuran un sistema socioeconómico que se ha mantenido durante tantos años, pero que ahora se encuentra agotado, agónico, tambaleante, ahogado en sus propias contradicciones, perdido entre las tinieblas que él mismo, como fenómeno con vida propia, y sus defensores han creado. Ahora es el momento de esclarecer algunos de esos fenómenos parciales que dan lugar a ese fenómeno global al que entonces hacíamos referencia.

Fenómeno 1: El papel imparable de los medios
Los medios de comunicación  nacieron con el ánimo de informar de acontecimientos próximos o lejanos, al calor de algunos descubrimientos como son la imprenta y la retransmisión de la palabra (luego la imagen) a través de las señales electromagnéticas, pero inmediatamente se convirtieron en un instrumento fabuloso en manos de los que tienen el poder y el dinero para defender sus propios intereses. El progreso tecnológico ha convertido a esos medios en un monstruo a cuya influencia social es imposible ponerle límites.
Los mass media se han convertido en la mejor y mayor herramienta enajenante en nuestros días, más aún que las religiones y las sectas, aunque estas siguen teniendo una influencia nada despreciable. Están manejados para alienar, para propagar la mentira, para angustiar, para intoxicar y para meter miedo a la masa en nombre de otros. Evidentemente aquellos que hoy perduran están respaldados por potentes grupos financieros o por los gobiernos de turno. Su función sigue siendo la misma que cuando fueron capturados, pero ahora ya no necesitan recibir consignas: funcionan de manera autónoma. Sus actores convertidos en “estrellas” de radio o TV, tertulianos o redactores, constituyen una nueva clase privilegiada que goza de una elevada posición económica.
Dadas las dimensiones que los medios han adquirido, se han convertido en un fenómeno con vida propia que asfixian y que se repiten hasta la saciedad. Debido a ese enorme tamaño, ya consolidado, no les queda más remedio, para su propia supervivencia, que seguir con esa dinámica. Y esta es la parte negativa para ellos y para sus mentores. El desencanto, el lento descubrimiento de la mentira, el progresivo hartazgo de la noticia manipulada y la TV basura, puede acarrear cansancio sin que los que mandan puedan evitarlo.

Fenómeno 2: Las acciones imparables de los gestores del dinero
La fuerza de trabajo ejercida por tantos y tantas durante tanto tiempo, ha permitido acumular dinero no sólo entre los propietarios de los medios de producción, sino entre otros tantos sectores de una sociedad compleja, incluido el de los trabajadores de mediana y alta cualificación. En estos momentos nadie sabe con certeza cuál es la masa dineraria que se mueve por los circuitos financieros, ni que parte del dinero responde a la economía productiva o a la economía especulativa. La deuda, las nuevas emisiones de moneda y la especulación han generado una burbuja de dinero virtual que responde a la suma de los dígitos  que cada cual, ricos o pobres, tienen en sus cuentas corrientes y en los refugios o paraísos fiscales (en este caso sólo los ricos), pero sólo son eso, dígitos que no están respaldados por ningún elemento con valor real o tangible, por lo que es una realidad palmaria  que si cada uno de nosotros quisiera disponer del dinero contante y sonante de lo que aparece en nuestras cuentas o cartillas no habría ni para abonar el 1% del total.
En esa enorme masa de dinero, en su mayoría ficticia, se encuentran, además de las grandes fortunas, los ahorros en forma de planes de pensiones, o en otro tipo de depósitos, de gentes modestas. Los movimientos del capital están ahora en manos de gestores de los que algunos dicen que son más peligrosos que los propios psicópatas.
El afán de enriquecimiento de la mayoría de una sociedad enferma conlleva la optimización de las ganancias, lo que genera todo ese vendaval de movimientos de dinero llevados a cabo por individuos (profesionales o particulares) afectados de ludopatía. Esa delegación en este tipo de personas permite que ellos jueguen, incluso, con los ahorros de la población llana, pero este papel de los gestores es imparable e incuestionable porque su tarea sintoniza con la codicia de esta especie nuestra. He aquí otro fenómeno con vida propia. Los poderes políticos, incluso el poder real, nada pueden hacer para frenar este destructivo proceso que, sin lugar a dudas, nos lleva hacia un final poco halagüeño.
Los políticos y los “expertos”, sin ninguna posibilidad de intervención, nos distraen de esa cruda realidad hablándonos de la “crisis” como máscara de una situación que ni ellos mismos entienden, lo que nos lleva a la conclusión de que esto es algo más grave y más extenso que una simple crisis.

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